El pasado viernes viví un momento de esos que se te guardan directo en el corazón. Fui invitado por los estudiantes de 3er año del Cenma Malagueño para charlar un rato sobre mi vida, mis primeros pasos en el trabajo y en la política.
Les confieso que no iba al 100% de salud, pero bastó con cruzar la puerta y sentir la tremenda energía, el respeto y la buena onda que había en el aula para que me olvidara de todo y me sintiera súper cómodo. Escuchar sus opiniones y sus preguntas (algunas más que interesantes) fue, por lejos, lo mejor de la jornada.
Para mí, que me hayan tenido en cuenta es una satisfacción enorme y un orgullo que me llena de gratitud. Fui con la humilde intención de dejarles algo de motivación, de transmitirles que con esfuerzo los sueños se concretan y los desafíos se superan… ¡pero el que volvió motivado fui yo!
Ver las ganas de tantas personas que no se rinden, que trabajan, que tienen mil responsabilidades y que, aun así, deciden seguir estudiando, capacitándose y buscando superarse, es una inyección de energía increíble. Ese empuje contagia y te obliga a redoblar esfuerzos, a poner la vara cada vez más alta.
El CENMA es el reflejo vivo de que siempre se puede. No importa la edad, el contexto ni los obstáculos, cuando hay ganas de salir adelante, las metas se alcanzan. ¡Gracias infinitas a los alumnos, a la profe y a la comunidad educativa por el hermoso posteo que me dedicaron y, sobre todo, por recordarnos con el ejemplo que nunca hay que dejar de apostar por nuestro futuro!
A seguir poniéndole el alma para construir, entre todos, el futuro que nos merecemos.